martes, 7 de octubre de 2014

LA SOBERANÍA RESIDE EN EL PUEBLO

                                                                                                 

LA SOBERANIA RESIDE EN EL PUEBLO       

            Voy a tratar de convencer al que me lea, que la soberanía de un pueblo –entendida como la capacidad última de decidir sobre su propio destino- no puede ser traspasada de forma legítima  a otro pueblo, ni siquiera con su consentimiento por escrito.
            La frase “la soberanía reside en el pueblo” es un enunciado genérico en el que estamos todos de acuerdo. Un pueblo lo integran de forma general el conjunto de personas que tienen en común el lugar de residencia, la lengua y las costumbres. Para abordar este tema no hay que olvidar que las gentes que forman un pueblo están en continuo movimiento: unas mueren, otras nacen y un tercer grupo está en continuo cambio de residencia. Que Galicia, El País Vasco, Cataluña y España entera son pueblos, creo que pocos lo pueden dudar. Considerar que la soberanía de un pueblo puede residir en otro pueblo superior por habérsela traspasado, en principio como poco es una desviación a contrapelo y fuera del significado literal de la frase. Si a un pueblo no se le permite su Autodeterminación, entramos en un colonialismo.
Desde mi óptica, la soberanía última de Galicia –me refiero a su Autodeterminación-, reside en el pueblo gallego, así como la soberanía de España está en el pueblo español, y es precisamente aquí donde empiezan las controversias. Piensan otros que la soberanía de Galicia o de Cataluña  está en la entidad superior llamada España, -formada por los pueblos que la integran-, y esto lo sostienen apelando a la constitución española que así lo dice, pero ¿es legitimo que en un momento determinado alguien se haya arrogado esta facultad de poder traspasar la soberanía de un pueblo, a otra entidad de mayor rango y con carácter perpetuo e irreversible?. ¿Quién se consideró con la autoridad suficiente para decidir sobre la vida y destino de las futuras generaciones que están por nacer, o de los que puedan cambiar de parecer en el transcurrir del tiempo?. Creo que nuestra Constitución incorpora un articulo legal pero no legitimo o justo, que urge reparar.
 Si admitimos que la soberanía de Galicia –Autodeterminación Gallega- reside en España, tendremos que admitir también que cuando se termine de formalizar la Unión Europea con su correspondiente Constitución, la -Autodeterminación Española- la ejercerá Europa, y ya nunca más España tendrá soberanía, ni  Autodeterminación, ni podrá separarse de Europa sin su consentimiento, aunque este fuese el deseo de todos los españoles.
            De una forma general, la soberanía última o Autodeterminación de un ente inferior no puede residir o ser traspasada a en un ente superior, porque este peldaño superior decidiría por el inferior, pero la escalera continua, y a su vez habría otro peldaño por encima de este, y así seguiríamos hasta llegar a un peldaño final que decidirá por todos, habiéndose entonces refundido el genero humano en una sola soberanía universal, que en la practica es la negación de las soberanías. No quedaría soberanía para repartir a ningún pueblo de la tierra.
Cuando después de estos razonamientos nos dicen: pero no es lo mismo lo de Galicia y España, que lo de España y Europa; visto desde la posición en que se encuentran algunos les doy la razón: No es lo mismo estar en el peldaño superior para condicionar al inferior, que verse en el inferior para que te condicionen.
El libre albedrío de las personas, igual que la soberanía de los pueblos, son derechos individuales e intransferibles, y como tales no se pueden traspasar a terceros, ha de poder ejercerlos el titular en todo momento, máxime si la cesión pretende ser irreversible, sin fecha de caducidad, y usurpando este derecho incluso a quien está por nacer. Concienciémonos de que al aceptar una Autodeterminación, se está pacificando una parte del mundo.
            Cuando se intenta rebatir este argumento diciendo que él razonamiento se puede aplicar a cualquier otro articulo o disposición, y que entonces no quedaría nada inmutable, también les doy la razón, porque bajo el sol no debe existir ninguna ley que a partir de una fecha no se pueda confrontar y cambiar por los que vengan detrás. Precisamente en esto consiste la libertad, y los que dicen dejar las cosas atadas y bien atadas, lo que dejan es menos libertad y un conflicto adosado a una bomba de relojería.
            No hay que confundir la posesión de la soberanía última, con las cesiones parciales de las soberanías a un ente superior cuando se entra a formar parte de una comunidad más amplia. Estas cesiones parciales son imprescindibles para el nuevo orden, pero conservando siempre el pueblo de menor rango la soberanía última de su Autodeterminación (abandonar el ente superior), que es lo que le proporcionará la ilusión de su libertad.
            Por otra parte, ve alguien razonable que para decidir la independencia de Taiwán vote toda China. O para la de Chechenia vote toda Rusia. No quiero dejar aquí de reivindicar el derecho a la autodeterminación de los pueblos indígenas situados dentro de naciones “democráticas”, las que normalmente  les usurpan sus territorios.
            Todas estas aptitudes implican una imposición de unos sobre los otros, y la quieren ejercer enseñando la bandera y retrayéndonos a la historia de tiempos pasados, donde se produjeron las conquistas de territorios por la fuerza.
Hoy destaca entre estas naciones de sueños imperiales Norteamérica, que es con gran diferencia la de mayor ansia universal de dominio del mundo, afanándose en el inútil intento de asumir la soberanía sobre todo el globo, repartiendo su “justicia”, y en su papel se permite el don de distribuir prebendas. Véase como ahora a Turquía le garantiza el  Kurdistán, sin que a los Kurdos les de un papel en la película.
            El reconocimiento del derecho a la autodeterminación de todos los pueblos de la tierra es un pilar fundamental para la paz y la libertad del mundo. Este principio está incorporado en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y en la Carta de los Derechos Humanos, y todos estamos obligados a oír y respetar a nuestro vecino. Si se acatara este principio, desaparecerían las causas de fondo que alimentan a la gran mayoría de las luchas que se están produciendo en nuestro planeta. ¿Alguien lo duda?.

                 Antonio Lago Díaz

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