EL ENGAÑO DE LA VIDA
11-08-2019
Cuando nacemos, la vida que está
por llegar se nos impone sin antes haberla solicitado, sin esperarla, sin
desearla; pero nos llega sin más, por imperativo, por que sí, sin razonamiento
alguno, sin saber si será positiva para nosotros. Y sin apenas darnos cuenta ya
estamos aquí, hemos llegado, ya somos un nuevo nacimiento, sabemos que estamos,
pero no sabemos en donde hemos caído, y lo que nos espera.
En el momento de sentir este
mundo, todo es nuevo para nosotros. Desconocemos donde estamos, y que reglas tiene.
Las aceptamos porque no nos queda otra opción. Aún no tenemos el conocimiento necesario
para razonar, por lo que sin cuestionarlo asumimos este estatus.
En el principio de la vida, ya
empezamos a sentir sus reglas, y si no llegan contratiempos mayores, vamos a
ver como discurre la vida cuando el desarrollo es favorable y normal . Los bebes solo lloran cuando se encuentran
incómodos, cuando sienten dolores; y se sientes felices cuando están cómodos,
cuando se les da de comer, cuando sienten a su madre a su lado. De momento así
vamos creciendo.
En la niñez
y adolescencia no solemos preguntarnos por que estamos aquí, ni quien nos
trajo, solo deseamos seguir viviendo y saboreando la vida que tenemos delante.
En la mayor parte de nuestras actividades, tratamos de disfrutarlas a tope. Y
la vida sigue discurriendo sin otro objetivo que el goce propio, pero ya
empezamos a preocuparnos por quien tenemos a nuestro lado.
En la juventud empezamos a darnos
cuenta de que también tenemos unas obligaciones y unas responsabilidades que
nos condicionan y nos exigen actuar de una cierta manera, pero también deseamos
seguir gozando de esta vida. Combinamos ambas y seguimos en la vida sin otras
preguntas mayores.
En la madurez, estamos absortos
por el trabajo, y no tenemos tiempo para pensar en nosotros. Las
responsabilidades nos ocupan todo el rato, y no hay momento para pensar en lo que
somos y porque estamos aquí. El tiempo sigue pasando más rápido que antes sin
darnos apenas cuenta. De momento aún no pensamos en la muerte por verla lejos,
y ahora no estamos para pararnos en filosofías, que sabemos que no van a
resolvernos ninguno de los problemas que tenemos actualmente.
En la senectud la naturaleza nos
va a tratar mucho peor de lo que lo hizo hasta ahora. Durante toda nuestra vida
nos estuvo amenazando con mil enfermedades, y si no acabo con nosotros, ahora
empieza la tercera fase destructiva. Poco a poco nos empieza a quitar oído,
vista, fuerza, equilibrio, y nos aflojan los dientes. Y llegara un punto de no
saber ya quien somos. ¿Este abuso hay que aceptarlo sin más?.
Y me pregunto; Es que este mundo
no se podía haber hecho de otra manera, sin enfermedades y sin tanto sufrimiento
para la humanidad, sin el instinto de comerse al más débil siendo todos
vegetarianos. No se podía evitar la decrepitud
de la vejez tan injusta y degradante, y donde tanto se sufre.
Comprendo que todo lo que tiene
vida, en algún momento tenga que morir, pues una vida eterna sin fin no se
concibe, pero las enfermedades y el sufrimiento no considero que tengan que ser
acompañantes necesarios de la vida. Durante toda nuestra existencia tenemos
encima, sobre nuestras cabezas la espada de Damocles amenazándonos con todas
las desgracias posibles habidas y por haber, y cuando llega la vejez esta
espada cae, y poco a poco te van minando la salud y la vida. ¿Es justicia?
Eduardo Punset tiene un libro con
el título "EL ALMA ESTÁ EN EL CEREBRO", demostrando esta afirmación, y
como el cerebro al morir desaparece, el alma que está en el cerebro también
desaparece. Cuando dejamos de existir todo lo material se degrada, y lo espiritual
se evapora, desaparece; y como todos vamos a morir, todo lo que ahora estamos sintiendo:
impulsos, emociones, familia, deseos, amores, recuerdos; desaparecerán, y como el
sol algún día dejará de brillar, solo quedará la materia sin vida y sin alma. No
habrá pensamientos, no habrá nada espiritual. Que triste veo esta reflexión.
Creo que si me hubieran dado a
escoger, en venir o no venir a este mundo, hubiera escogido no venir, pues aquí
hay momentos de gozo, pero también mucho de sufrir y ver injusticias hacia uno mismo,
y hacia los demás, para llegar a un final
de no existir, de no ser nada, de ser lo que fuimos antes de haber nacido.
Salimos de la nada y volvemos a la nada. Para que este viaje.
Antonio Lago Díaz Donas Gondomar Pontevedra DNI 35.811.360 S Tl. 986.35031
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