lunes, 12 de agosto de 2019

EL ENGAÑO DE LA VIDA


EL ENGAÑO DE LA VIDA
                                                                                                                                           11-08-2019
Cuando nacemos, la vida que está por llegar se nos impone sin antes haberla solicitado, sin esperarla, sin desearla; pero nos llega sin más, por imperativo, por que sí, sin razonamiento alguno, sin saber si será positiva para nosotros. Y sin apenas darnos cuenta ya estamos aquí, hemos llegado, ya somos un nuevo nacimiento, sabemos que estamos, pero no sabemos en donde hemos caído, y lo que nos espera.
En el momento de sentir este mundo, todo es nuevo para nosotros. Desconocemos donde estamos, y que reglas tiene. Las aceptamos porque no nos queda otra opción. Aún no tenemos el conocimiento necesario para razonar, por lo que sin cuestionarlo asumimos este estatus.
En el principio de la vida, ya empezamos a sentir sus reglas, y si no llegan contratiempos mayores, vamos a ver como discurre la vida cuando el desarrollo es favorable y normal  . Los bebes solo lloran cuando se encuentran incómodos, cuando sienten dolores; y se sientes felices cuando están cómodos, cuando se les da de comer, cuando sienten a su madre a su lado. De momento así vamos creciendo.
  En la niñez y adolescencia no solemos preguntarnos por que estamos aquí, ni quien nos trajo, solo deseamos seguir viviendo y saboreando la vida que tenemos delante. En la mayor parte de nuestras actividades, tratamos de disfrutarlas a tope. Y la vida sigue discurriendo sin otro objetivo que el goce propio, pero ya empezamos a preocuparnos por quien tenemos a nuestro lado.
En la juventud empezamos a darnos cuenta de que también tenemos unas obligaciones y unas responsabilidades que nos condicionan y nos exigen actuar de una cierta manera, pero también deseamos seguir gozando de esta vida. Combinamos ambas y seguimos en la vida sin otras preguntas mayores.
En la madurez, estamos absortos por el trabajo, y no tenemos tiempo para pensar en nosotros. Las responsabilidades nos ocupan todo el rato, y no hay momento para pensar en lo que somos y porque estamos aquí. El tiempo sigue pasando más rápido que antes sin darnos apenas cuenta. De momento aún no pensamos en la muerte por verla lejos, y ahora no estamos para pararnos en filosofías, que sabemos que no van a resolvernos ninguno de los problemas que tenemos actualmente.
En la senectud la naturaleza nos va a tratar mucho peor de lo que lo hizo hasta ahora. Durante toda nuestra vida nos estuvo amenazando con mil enfermedades, y si no acabo con nosotros, ahora empieza la tercera fase destructiva. Poco a poco nos empieza a quitar oído, vista, fuerza, equilibrio, y nos aflojan los dientes. Y llegara un punto de no saber ya quien somos. ¿Este abuso hay que aceptarlo sin más?.
Y me pregunto; Es que este mundo no se podía haber hecho de otra manera, sin enfermedades y sin tanto sufrimiento para la humanidad, sin el instinto de comerse al más débil siendo todos vegetarianos. No se podía evitar la decrepitud de la vejez tan injusta y degradante, y donde tanto se sufre.
Comprendo que todo lo que tiene vida, en algún momento tenga que morir, pues una vida eterna sin fin no se concibe, pero las enfermedades y el sufrimiento no considero que tengan que ser acompañantes necesarios de la vida. Durante toda nuestra existencia tenemos encima, sobre nuestras cabezas la espada de Damocles amenazándonos con todas las desgracias posibles habidas y por haber, y cuando llega la vejez esta espada cae, y poco a poco te van minando la salud y la vida. ¿Es justicia?
Eduardo Punset tiene un libro con el título "EL ALMA ESTÁ EN EL CEREBRO", demostrando esta afirmación, y como el cerebro al morir desaparece, el alma que está en el cerebro también desaparece. Cuando dejamos de existir todo lo material se degrada, y lo espiritual se evapora, desaparece; y como todos vamos a morir, todo lo que ahora estamos sintiendo: impulsos, emociones, familia, deseos, amores, recuerdos; desaparecerán, y como el sol algún día dejará de brillar, solo quedará la materia sin vida y sin alma. No habrá pensamientos, no habrá nada espiritual. Que triste veo esta reflexión.

Creo que si me hubieran dado a escoger, en venir o no venir a este mundo, hubiera escogido no venir, pues aquí hay momentos de gozo, pero también mucho de sufrir y ver injusticias hacia uno mismo, y hacia los demás, para  llegar a un final de no existir, de no ser nada, de ser lo que fuimos antes de haber nacido. Salimos de la nada y volvemos a la nada. Para que este viaje.
Antonio Lago Díaz   Donas Gondomar Pontevedra   DNI 35.811.360 S   Tl. 986.35031

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