30-01-2019
GUERRA ENTRE LOS TAXIS Y LAS VTC
La guerra entre los tasis y las vtc está servida. El gobierno
tiene que actuar y de momento parece que no sabe cómo. Los actores de este
sainete son: Primero el público usuario, después los conductores asalariados,
tanto del taxi como de las vtc, y por último los propietarios de las licencias
de circulación. Estos cinco puntos son los que el estado ha de que tener en
cuenta para actuar sobre ellos con objeto de alcanzar una solución lo más justa
posible.
Al público le interesa que coexistan ambos sistemas y a
los asalariados también (aparte de querer que desaparezcan algunos los sueldos
de miseria que puedan existir). A los propietarios de las licencias los vamos a
tener en cuenta pero en un nivel inferior, pues sus necesidades básicas las
tienen cubiertas.
Para resolver este problema tenemos que hacer primero un
diagnostico para conocer el estado de la enfermedad del sector, y lo primero
que nos salta a la vista es el precio que tiene en el mercado libre la venta
entre particulares de las mencionadas licencias de circulación. Las de los
taxis estaban antes de este conflicto sobre los ciento y pico mil euros. Las
licencias de las vtc sobre los treinta y tantos mil euros, con una tendencia al
alza. Observando la situación detenidamente, vemos que aquí tenemos la
enfermedad, y descubrimos que el verdadero enfrentamiento se da entre los
propietarios de las licencias tratando de defender sus privilegios, y no entre
sus asalariados, que solo quieren trabajar, y si se enfrentan, es porque creen
que así defienden su puesto de trabajo.
La administración tiene un arma potentísima que parece no
darse cuenta que la tiene, o que desconoce su potencia, o por los motivos que
sea no tiene intención de emplear, y que de hacerlo terminaría rápidamente con
la guerra. Es el precio que puede fijar a la concesión de estas licencias de
circulación, que con solo anunciar su salida, removerá todo el sector. Y una
forma de hacerlo es que la administración diga que para regular el sector, va a
sacar más licencias a la venta, con un precio que puede fijar en un 50 o 75%
del precio del libre del mercado actual. Este solo anuncio producirá un
movimiento y un reajuste de intereses, que trastocará la actual confrontación,
pues los propietarios de licencias de taxis y vtcs, podrían pasar en principio
de un bando al otro sin mayores frenos, uniendo en intereses ambos bandos.
Eliminada la guerra entre propietarios desaparece la guerra entre conductores.
En una administración honesta con los ciudadanos, antes
de llegar las vtc, ya debía de haber saltado la alarma, al ver como subían los
precios de las licencias del taxi, y en consecuencia deberían de haber actuado.
En estas cuestiones ha de primar los intereses del público en general y de los
conductores, y si bien es cierto que las licencias no se deben dejar sin
control, también es cierto que cuando suben en exceso se está perjudicando a
los ciudadanos, porque esto quiere decir que en el servicio se está incluyendo
un plus que justifica este precio alto.
Es necesario que el precio de las licencias tenga un cierto valor, pues
si no, cualquier impulso particular momentáneo podría desestabilizar el sector,
y deseamos una cierta estabilidad en el mismo para que pueda dar un servicio
serio, pero cuando este precio se dispara fuera de lo razonable hay enfermedad,
y la administración posee en su mano la solución sacando al mercado más
licencias, con un precio por ejemplo del 50 o 75% del precio libre del mercado.
Porque regalarlas sacándolas a un precio de risa. Esto nos beneficiará a los
ciudadanos, al Ayuntamiento, y al mismo tiempo regula el sector eliminando los
intereses espurios.
Una vez sosegados los intereses de los propietarios de
las licencias, desaparecerán las luchas actuales entre ellos, y la paz vendrá
también a los conductores, y entonces solo nos debe preocupar la regulación
mediante una ley de los salarios mínimos de los conductores, para erradicar los
sueldos de miseria.
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